{"id":151,"date":"2025-05-29T17:57:19","date_gmt":"2025-05-29T20:57:19","guid":{"rendered":"https:\/\/nimiodeanquin.com.ar\/?p=151"},"modified":"2025-05-29T17:57:19","modified_gmt":"2025-05-29T20:57:19","slug":"servidumbre-y-libertad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nimiodeanquin.com.ar\/index.php\/2025\/05\/29\/servidumbre-y-libertad\/","title":{"rendered":"Servidumbre y libertad*"},"content":{"rendered":"<p><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nimio de Anqu\u00edn<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPara qu\u00e9 fue creada por Dios la creatura racional? Para que participase de la divina beatitud, la cual solamente es posible por la inteligencia. La creatura por su inteligencia entiende al sumo Bien, y al entenderlo lo ama, y al amarlo lo posee, y al poseerlo goza. Es, pues, hija de la bondad de Dios, y por ello podemos decir con San Agust\u00edn: \u201cPorque Dios es bueno, somos; y en cuanto somos, del bien somos\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y si se preguntara nuevamente: \u00bfpara qu\u00e9 fue creada la creatura racional? Responder\u00edamos: para alabar a Dios, para servirlo y para gozar con ello; en lo cual se aprovecha la creatura y no Dios, pues Dios es perfecto y tiene en plenitud la bondad suma; luego, no puede aumentar ni disminuir. As\u00ed, pues, la factura de la creatura racional por Dios debe referirse a la bondad del Creador y a la utilidad de la creatura: es \u00fatil servir a Dios y gozar con ello.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El \u00e1ngel y el hombre fueron hechos por Dios, no porque Dios Creador y suma beatitud necesitase de alguno de ellos \u2014porque no necesita de nuestros bienes\u2014, sino para que lo sirvan y as\u00ed gocen, pues servir a Dios es reinar. En ello se aprovecha el sirviente, no el servido. Y as\u00ed como el hombre fue hecho para Dios, es decir, para que lo sirviese, de igual manera fue hecho el mundo para el hombre, es decir, para que al hombre sirva. Por lo que se puede decir que el hombre fue puesto en el medio, para ser servido y para que \u00e9l sirva: para que experimente ambas cosas y para que todo refluya en bien suyo; lo que recibe como obsequio y lo que consume o entrega. Por eso quiso Dios ser servido por el hombre, porque con esa servidumbre no goza Dios sino el hombre; y quiso que el mundo sirviese al hombre, y para que con ello gozase igualmente el hombre.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El hombre \u2014la creatura humana\u2014 es antes que nada un servidor de Dios, un siervo de la divina Omnipotencia. Cierto es que se trata de una servidumbre en libertad, pero la libertad le sirve para acreditar su obediencia. La libertad es una condici\u00f3n del m\u00e9rito del acto obediencial, pero la obediencia es el principio inicial en la relaci\u00f3n de la creatura humana con su Creador. Lo que Dios nos pide no es la libertad, sino la obediencia, o sea una actitud de filialidad amorosa. El mundo espiritual cristiano es una armon\u00eda de obediencia, o una escala de obediencia en que los seres se mueven por el deseo de la beatitud, es decir, de gozar el sumo Bien. Gozan de \u00c9l sirvi\u00e9ndole, obedeci\u00e9ndole como hijos amantes de su Creador. Entonces, el sentimiento o la conciencia de libertad nace no como un fin en s\u00ed, sino como un principio que acrisola esa obediencia y que acredita el servir a Dios. El cristiano s\u00f3lo piensa en su libertad para obedecer a Dios, su libertad solamente la desea y la ejercita para dar m\u00e9rito a su servidumbre ante el Creador. La preocupaci\u00f3n de servir a Dios est\u00e1 en el centro del alma de la creatura racional cristiana, hasta que al cabo lo absorbe todo, pues en realidad se trata del deseo de bienaventuranza; y as\u00ed, cuando el alma ha logrado orientarse firmemente y adquirido la conciencia verdadera de s\u00ed misma, entonces el sentimiento de libertad se recluye en el rinc\u00f3n de las cosas secundarias o de los accidentes del alma. Y el alma encuentra su colocaci\u00f3n en la escala de la obediencia que llega hasta los pies de Dios mismo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De aqu\u00ed se sigue que un cristiano no puede ser un apologista de la libertad, exalt\u00e1ndola como una facultad que tenga en s\u00ed misma un fin. Rep\u00e1rese en que la libertad no es el libre albedr\u00edo, sino el ejercicio objetivo de esta facultad del hombre. El libre albedr\u00edo es la comprobaci\u00f3n interior del acto que se realiza bajo la responsabilidad de la creatura racional; mientras que la libertad es el resultado de esa experiencia, o el ejercicio o despliegue del libre albedr\u00edo. Este es un hecho \u00edntimo y recatado, de un gran valor ciertamente, pero que la creatura lo utiliza para mejor servir a su creador: el hombre comprueba que es libre solamente para que su acto de servidumbre tenga m\u00e9rito, de manera que la servidumbre a Dios aumente en proporci\u00f3n que crece y se aviva la experiencia del libre albedr\u00edo. La creatura racional cristiana realiza la paradoja de la alegr\u00eda por la servidumbre: goza sinti\u00e9ndose sierva voluntaria de su creador divino (\u201chilarem datorem diligit Deus\u201d). Este mecanismo de libre albedr\u00edo imp\u00f3nele un car\u00e1cter recatado; la reciprocidad de \u00e9l con la servidumbre no deja espacio ni tiempo para la exaltaci\u00f3n independiente de la libertad. Quien se vanagloria de ser libre solamente por ser libre, rompe ese orden de relaci\u00f3n viva con el Creador y quita a la libertad su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">car\u00e1cter instrumental<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Si la libertad no sirve para acrecentar la sumisi\u00f3n de la creatura ante Dios, se volver\u00e1 contra el destino de ella y la distanciar\u00e1 de Dios en la misma proporci\u00f3n en que aumenta en la creatura el orgullo de ser libre.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Es esto precisamente lo que acontece con la persona liberal, que se mueve en el mundo de la libertad pura. La persona liberal debe ser \u201cconvertida\u201d primero antes que se estimule en ella la conciencia de libertad, es decir, se debe crear en su alma la conciencia de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">servidumbre cristiana<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Pero una recristianizaci\u00f3n de la persona liberal exige como condici\u00f3n previa una humillaci\u00f3n de su soberbia, y ello no se lograr\u00e1 ciertamente sopl\u00e1ndole al o\u00eddo la m\u00e1gica palabra que remueve su alma hasta el fondo y la fortifica en su error constitutivo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desgraciadamente, hay muchos cristianos que no quieren convencerse de estas cosas y que corean con los liberales el himno de la libertad pura. Si quisieran dar a esta adhesi\u00f3n un car\u00e1cter misional, se justificar\u00eda hasta cierto punto su acto por la buena intenci\u00f3n que lo inspirar\u00eda. Pero no hay razones para dudar de la univocidad de su convicci\u00f3n respecto a la de los liberales, y as\u00ed, cuando hacen la apolog\u00eda de la libertad pura es porque creen en ella. No hace mucho, una dignidad cat\u00f3lica dec\u00eda enf\u00e1ticamente en un acto universitario de C\u00f3rdoba: \u201cLa libertad es la cosa m\u00e1s augusta, el supremo de los dones de la vida\u201d; lo cual es un error grave, porque el supremo de los dones de la vida para un cristiano es la Gracia de Dios. Si a quien debemos suponer avezado en la historia de las herej\u00edas, se le escap\u00f3 un error semejante en una ocasi\u00f3n que exig\u00eda la m\u00e1xima prudencia y la extrema precisi\u00f3n de los t\u00e9rminos, \u00bfqu\u00e9 restar\u00e1 a las almas empedernidas en el liberalismo e ignorantes de la verdad cristiana?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Para un fiel de la Iglesia Cat\u00f3lica, el hacer la apolog\u00eda de la libertad es siempre una cuesti\u00f3n delicada; sobre todo si se trata de auditorios liberales, no debe ir en busca del aplauso, sino de la reprobaci\u00f3n. Cuando el auditorio liberal \u2014como en el caso recordado\u2014 aplaude fren\u00e9ticamente, no es porque est\u00e9 convencido de su error, sino porque se siente confirmado en \u00e9l. S\u00f3lo una ingenua vanidad puede inducir en la creencia de que la ret\u00f3rica sin teolog\u00eda sirva para convencer a alguien. Es muy significativo que a todos los neoapologistas cat\u00f3licos de la libertad, los liberales los reciban con los brazos abiertos. \u00a1Qu\u00e9 diferencia con San Pablo, cuando los gentiles se le re\u00edan en las barbas y volvi\u00e9ndole luego las espaldas le dec\u00edan: \u201caudiemus te de hoc iterum\u201d! Es que, en realidad, el liberalismo se siente fortificado en sus reductos con la contribuci\u00f3n de esos cristianos, que al cabo de convertidores resultan convertidos, y que, por lo menos objetivamente, se suman a los id\u00f3latras de la Libertad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed se va formando un cierto neopelagianismo que atribuye a la libertad todo lo que es m\u00e1s digno en el hombre, o que afirma con el orador de C\u00f3rdoba que \u201cla libertad es el supremo de los dones de la vida\u201d. Si la libertad es eso, o sea lo constitutivo de la creatura humana, \u00bfa qui\u00e9n atribuir\u00e1 esta el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">initium salutis<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">? Porque la Gracia ser\u00e1 entonces superflua, pues la libertad la suplir\u00e1 en la obra de salud. Si \u201cla libertad es la cosa m\u00e1s augusta, el supremo de los dones de la vida\u201d, debe suplir a la Gracia, y entonces caeremos en la herej\u00eda neopelagiana. Si no lo es, ser\u00e1 suplida por aquello que lo sea, esto es, por la Gracia, y entonces execraremos al liberalismo y nos guardaremos cristianamente de erigirnos en apologistas o campeones de la libertad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Todo el movimiento actual en defensa de la libertad lleva el sello de una herej\u00eda originaria. Es curioso que la libertad sea ahora defendida con un entusiasmo rayano en el fanatismo por quienes est\u00e1n desvinculados de la tradici\u00f3n cat\u00f3lico-Romana. Los pa\u00edses tradicionalmente cat\u00f3licos no cultivan esas estridencias, y cuando en alguno de ellos la libertad ha sido exaltada fuera de medida, lo fue por motivos ajenos a su tradici\u00f3n profunda. El alma cristiana no ofrece campo a la idolatr\u00eda de la libertad, pues ello significa la desvinculaci\u00f3n de la creatura racional de Dios, que es su padre y su se\u00f1or. La idolatr\u00eda de la libertad tiene su origen inmediato en el Renacimiento y en la Reforma, es decir, en dos momentos de traici\u00f3n a la tradici\u00f3n cristiana de occidente. El cristianismo no siente la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">angustia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de la libertad porque esta no es un fin sino un medio, no un t\u00e9rmino sino un instrumento. Si existe una angustia como expresi\u00f3n del alma del cristiano, no es la de la libertad, porque no es adorador de ella, no es ella para \u00e9l el primero de los dones de la vida. La angustia real del cristiano es la del pecado, la de la culpa que lo separa de Dios, que lo aleja de la luz de la bienaventuranza; es decir, es la angustia del hijo que pierde la herencia sobrenatural para que fuera engendrado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los m\u00e1rtires cristianos, los se\u00f1ores de la fortaleza humana, no han muerto nunca por la libertad en s\u00ed, pues esta, desvinculada del destino divino del hombre, es diab\u00f3lica. Los m\u00e1rtires cristianos murieron por amor de Dios, por fidelidad al padre de la creaci\u00f3n, murieron como siervos de su Se\u00f1or eterno. La \u00fanica libertad por la que un cristiano da su vida es la libertad de servir a Dios, y quien sirve a Dios es ciudadano perfecto de la ciudad terrestre. El cristiano pide y exige solamente esa libertad, es decir, no exige la libertad para reposar en ella y para erigirle un altar como a un \u00eddolo, sino para utilizarla como un instrumento, para subordinarla inmediata y esencialmente al fin sobrenatural de la creatura racional. Por ello, como lo he dicho otra vez, la libertad no puede ser mencionada por los cristianos sino en sistema, o sea, en un sistema teoc\u00e9ntrico en que se vea claramente el car\u00e1cter secundario de ella (como la llama San Agust\u00edn), o en que aparezca como la parte de un todo, como un instante en la conquista de la eternidad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La idea del teocentrismo es una reguladora necesaria en toda concepci\u00f3n de la ciudad terrestre. Porque si bien es cierto que el orden temporal tiene una existencia que le es propia, que permite a los hombres edificar sus construcciones pol\u00edticas en esa limitaci\u00f3n, sin embargo, en definitiva, la temporalidad o el tiempo es la imagen humana o la analog\u00eda de la existencia eterna. La idea-tipo del hombre cristiano, cuando construye la ciudad terrestre, es la ciudad Celeste que levanta sus muros en lo eterno. La \u201cCivitas Dei\u201d, la ciudad Celeste, la Jerusal\u00e9n eterna, tiene a Cristo por Rey. La realeza de Cristo se extiende as\u00ed no solamente al orden eterno sino tambi\u00e9n al orden temporal, o sea a la ciudad terrestre. El orden pol\u00edtico se subordina as\u00ed al orden divino. La convicci\u00f3n del teocentrismo gana de este modo el coraz\u00f3n del cristiano, para quien su ciudadan\u00eda temporal no es m\u00e1s que la apariencia sensible limitada por la fatalidad del tiempo, de su ciudadan\u00eda celeste. Esta convicci\u00f3n, mediata o inmediata, regula toda la vida del ciudadano cristiano en su actividad temporal; no siempre como una idea clara, a veces como un anhelo inefable que habita en las profundidades del alma, pero siempre como una realidad vital.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y por eso, con frecuencia, vemos a ciudadanos cristianos que no \u201csaben\u201d determinar el l\u00edmite de lo divino y lo humano, y que con gran esc\u00e1ndalo de los prudentes claman aun en el orden temporal por el reinado de Cristo. Ello no es un signo de confusi\u00f3n de dos \u00f3rdenes, sino de fidelidad al \u00fanico y verdadero Rey, es el clamor de la creatura racional que desgarra el velo de la analog\u00eda y muestra con el valor de un coraz\u00f3n fuerte la Jerusal\u00e9n iluminada por los divinos resplandores.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Vimos esta conducta muchas veces en la guerra civil espa\u00f1ola, cuando las v\u00edctimas del comunismo ofrec\u00edan su pecho a la metralla, al tiempo que proclamaban la realeza de Cristo. Y es elocuente y debe repararse con detenimiento en la aparente paradoja de que los m\u00e1rtires de la guerra espa\u00f1ola fuesen asesinados por los comunistas en nombre de la Libertad. Digo aparente paradoja porque no lo era, sino que real y verdaderamente los cristianos ejecutados y aun martirizados por los soldados rojos, cayeron v\u00edctimas de la Libertad. La libertad encarnada en las masas comunistas espa\u00f1olas era la \u201clibertad pura\u201d, la libertad concebida como un fin absoluto del hombre (el supremo de los dones de la vida), la libertad diab\u00f3lica. Esa libertad odiaba el orden divino y blasfemaba de la ciudad celeste. El orden prohijado por el comunismo espa\u00f1ol no era anal\u00f3gico de Dios, sino que pretend\u00eda ser una construcci\u00f3n levantada sobre el pobre suelo de la materia, de la cual el hombre cre\u00edase due\u00f1o absoluto. El hombre cre\u00edase un Dios, dotado de un poder omn\u00edmodo, de una voluntad ilimitada, de una libertad sin freno; y por eso no pod\u00eda aceptar otro Dios al que estuviese subordinado y a quien fuese necesario obedecer. Y entonces el comunismo maldijo a Dios y la libertad pura quiso asesinar a la libertad cristiana. Fue una lucha de dos libertades: de una libertad de rebeld\u00eda y de una libertad de servidumbre.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El fracaso del comunismo espa\u00f1ol no ha significado la liquidaci\u00f3n definitiva de las ambiciones rebeldes del hombre, no solamente porque el comunismo a\u00fan perdura con tremendo vigor en su pa\u00eds de origen, sino porque \u00e9l no es m\u00e1s que la especie de un g\u00e9nero, es decir, la manifestaci\u00f3n m\u00e1s sincera y agresiva de un estado general del hombre. Si el hombre no hubiera olvidado su condici\u00f3n de creatura, es decir, si hubiera recordado siempre su origen y su destino sobrenaturales, extremos ambos en que est\u00e1 Dios creador, redentor y juez de la vida, no habr\u00eda ca\u00eddo en la abyecci\u00f3n en que ahora se debate. Porque entonces habr\u00eda pose\u00eddo conciencia de filialidad \u2014lo que yo llamo \u201cconciencia de creatura\u201d\u2014, y su voluntad de ser libre se hubiera conciliado con su deber de servir a Dios.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero desde la Reforma se le viene inyectando el veneno de la libertad pura, y tanto ha o\u00eddo estas palabras que ya no entiende lo que significa la Gracia, no quiere saber que el hombre nada bueno puede hacer sin la Gracia (\u201cgratia Dei, sine qua nihil boni agere possumus\u201d), y que Dios a cada momento le tiende la mano para evitar su perdici\u00f3n. Cree entonces el hombre que sus obras le pertenecen totalmente, que \u00e9l es el \u00fanico autor de su propio destino, que todo es obra de su libertad, el supremo de los dones de la vida. Esto es lo que llamo el \u201cneopelagianismo\u201d, una especie de comprobaci\u00f3n en todos los \u00f3rdenes de la vida material de la vieja herej\u00eda que exaltaba la libertad y rebajaba o negaba la obra de la Gracia. El mundo de la t\u00e9cnica y de las construcciones cicl\u00f3peas es el exponente del neopelagianismo actual, en cuanto diviniza al hombre y tiende a mostrar sus poderes ilimitados.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Frente a la pretensi\u00f3n enloquecedora que lanza al hombre a competir rid\u00edculamente (pero tambi\u00e9n tr\u00e1gicamente) con Dios, despunta el alba de una nueva era. En la plenitud de esta nos ser\u00e1 acaso dada la paz por la que suspiramos y gemimos en nuestra miseria presente. Es hora ya que se confiese la gran decepci\u00f3n del progreso indefinido y del gigantismo de las obras materiales. Toda esa grandeza ha significado para el hombre nada m\u00e1s que el infierno donde perece su felicidad. El mundo de la libertad pura est\u00e1 suspendido entre tinieblas impenetrables, sin atm\u00f3sfera sobrenatural, hostil a la oraci\u00f3n, rebelde a toda actitud filial, reacio a la sant\u00edsima humildad, porque quien en \u00e9l se humilla es aplastado. Este mundo implacable no quiere ser habitado sino por los triunfadores, por hombres de voluntad de hierro o sin condena moral, para quienes el amor al pr\u00f3jimo es un prejuicio de vencidos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Contra esta convicci\u00f3n sat\u00e1nica se levanta la conciencia de servidumbre que fluye de la idea del teocentrismo, de la idea de Dios puesta en el centro de la vida. Despu\u00e9s de la dura experiencia contra Dios, la creatura humana se despierta de su pesadilla y abre los ojos a la luz del nuevo d\u00eda que despunta. Pero para lograr la recuperaci\u00f3n total de su alma anegada en las pasiones m\u00e1s feroces y mezquinas, necesita renunciar a su propio endiosamiento y doblar su frente hasta hundirla en el polvo de la humildad. Reconocer\u00e1, entonces, cu\u00e1n falsa es la grandeza del mundo que ha forjado con el sudor, con la sangre y con el oro, y c\u00f3mo todo eso es vanidad en frente de la bienaventuranza del esp\u00edritu, m\u00e1s all\u00e1 del mundo de la materia signada por la fatalidad de la muerte. Cuando haya llegado la plenitud de esa hora, y cuando el hombre haya recuperado su conciencia de creatura, perdida en un proceso multisecular en que fue precipitado de error en error y de tiniebla en tiniebla, comprender\u00e1 entonces que su \u00fanica actitud leg\u00edtima en frente de Dios es la de servidumbre voluntaria, de obediencia libre. Y de que por la libre servidumbre al Creador, \u00e9l, creatura racional, reinar\u00e1 sobre las cosas en la armon\u00eda del teocentrismo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">* Publicado en la revista <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Nueva Pol\u00edtica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, nro. 27, p\u00e1gs. 12-16, Buenos Aires, abril de 1943.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">2* V\u00e9ase, <\/span><b>De Diligendo Deo<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">, c. III (PL 40, 580); <\/span><b>De doctrina christiana, <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">L. 1, c. 32, n. 35 (PL 34, 32).<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a03* Mons. Miguel de Andrea, v\u00e9ase \u201cLos principios\u201d de C\u00f3rdoba, del 17 de junio de 1941. El concepto neopelagiano de la libertad fue reiterado por el mismo obispo en su discurso de Chicago, cuando dijo: \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La libertad es el mayor don dado por Dios al hombre, despu\u00e9s de la vida misma. Al igual que es sagrada la obligaci\u00f3n de respetar la vida, es tambi\u00e9n obligaci\u00f3n de respetar la libertad. El hombre tiene tanto derecho a una como a otra, porque le han sido dadas por el mismo Dios. Felizmente hay todav\u00eda muchos de nosotros en el mundo, para los cuales es menos importante sacrificar la vida para salvaguardar la libertad, desde que sin esta la vida no es digna de vivir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d. \u201c<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">No hay doctrina que defienda m\u00e1s incondicionalmente <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">(sic)<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> a la libertad, que la pr\u00e9dica cat\u00f3lica. Nos predica que sin libertad no puede haber santidad, que no puede haber santidad sin virtud, ni virtud sin m\u00e9rito, ni m\u00e9rito sin responsabilidad, que no puede haber responsabilidad sin libertad. El primer principio, por lo tanto, es el de la Libertad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d (\u201cLos Principios\u201d, 3 de septiembre de 1942). Es incre\u00edble que un pastor de nuestra Iglesia se exprese en esta forma. Porque el decir que sin la libertad \u201cla vida no es digna de vivir\u201d equivale a una incitaci\u00f3n al suicidio de todos aquellos a quienes la autoridad ha privado de la libertad por delitos cometidos en la vida de relaci\u00f3n. Aparte de esto, como puede comprobarse, la Gracia no se menciona ni por asomo. Se creer\u00eda leer una p\u00e1gina de Pierre d\u2019Ailly. Si se lee con atenci\u00f3n el \u00faltimo p\u00e1rrafo transcripto, se advertir\u00e1 la supresi\u00f3n deliberada de lo sobrenatural. Esto no es cat\u00f3lico, esto es, gen\u00e9ricamente hablando, luteranismo puro. Agrava este error esencial el hecho de haberlo propalado a los cuatro vientos en un pa\u00eds substancialmente envenenado por el esp\u00edritu neopelagiano, o sea por la doctrina del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">self-made-man<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, del hombre que hace su propio destino, con prescindencia absoluta y sistem\u00e1tica de la Gracia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">4* Sobre el car\u00e1cter secundario de la libertad, v\u00e9ase San Agust\u00edn, <\/span><b>De libero arbitrio<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">, cap. XIX, titulado: \u201cBona majus, minima et media, in mediis censetur libertas\u201d (PL 32, 1267). Acerca de la santificaci\u00f3n de la naturaleza libre del hombre, San Agust\u00edn, al explicar el texto famoso de San Pablo: \u201c\u00a1Infeliz yo hombre! \u00bfQui\u00e9n me librar\u00e1 de este cuerpo de muerte? La gracia de Dios por Jesucristo Se\u00f1or Nuestro\u201d, dice: \u201cLuego, no es la naturaleza (libre) seducida por el pecado y herida por el vicio la que desea al Redentor y al Salvador, ni la ciencia de la ley por la que se realiza el conocimiento de la concupiscencia, ni la evicci\u00f3n, quienes liberan del cuerpo de muerte, sino la gracia del Se\u00f1or por Jesucristo Se\u00f1or Nuestro\u201d. (\u201cNon ergo natura, quae sub peccato venumdata et vitio sauciata redemptorem salvatorem que desiderat, nec legis scientia per quam fit concupiscentiae cognitio, nec evictio, liberat a corpore martis hujus; sed gratia Domini per Jesum Christum Dominum nostrum\u201d. (<\/span><b>De Gestis Pelagii,<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> c. VIII, PL 44, 332). Santo Tom\u00e1s de Aquino, al explicar el mismo texto del Ap\u00f3stol, dice: \u201cAs\u00ed, pues, no puede el hombre por sus propias fuerzas librarse de la corrupci\u00f3n del cuerpo, ni tampoco del alma, aun cuando consienta a la raz\u00f3n contra el pecado, sino s\u00f3lo por la gracia de Cristo, de acuerdo a aquello que dice Juan VIII: Si os libertare el Hijo,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">ser\u00e9is realmente libres\u201d. (\u201cNon enim homo propiis viribus potest liberari a corporis corruptione, nec etiam animae, quamvis consentiat rationi contra peccatum, sed solum per gratiam Christi, secundum illud Ioan VIII: <\/span><b>Si filius vos liberaverit, vere liberi eritis<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d<\/span><b>)<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">.<\/span><b> (\u201cComm. in omnes S. Pauli epist\u201d<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">, I, 103, Marietti).\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Donde el obispo de Temnos pone la libertad, San Pablo, el doctor de Hipona y el doctor Com\u00fan ponen la Gracia. Esta oposici\u00f3n radical nos confirma en que estamos ante un renacimiento efectivo de la doctrina de Pelagio. Monse\u00f1or de Andrea contra San Pablo, San Agust\u00edn y Santo Tom\u00e1s de Aquino. \u00a1Qu\u00e9 lucha!<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">5* As\u00ed religiosos como laicos, lo mismo que en M\u00e9xico. Forma contraste con esta actitud cristiana ante la muerte, el siguiente relato que encontramos en una publicaci\u00f3n polaca: \u201cMons. Chlapowski se puso de rodillas con el rosario en sus manos. Hizo una breve oraci\u00f3n; despu\u00e9s bendijo con la se\u00f1al de la Cruz a la multitud que le miraba y grit\u00f3: <\/span><b>Polonia no ha muerto todav\u00eda. \u00a1Viva Francia! \u00a1Viva Inglaterra!<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> No pudo seguir m\u00e1s\u2026 ca\u00eda acribillado por las balas\u201d. (\u201cLa persecuci\u00f3n de la Iglesia Cat\u00f3lica en Polonia bajo la ocupaci\u00f3n germana\u201d, Bs. As., 1942, p\u00e1g. 124). Ni la Francia actual ni Inglaterra significan nada para la realeza de Cristo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nimio de Anqu\u00edn &nbsp; &nbsp; \u00bfPara qu\u00e9 fue creada por Dios la creatura racional? Para que participase de la divina beatitud, la cual solamente es posible por la inteligencia. 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